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Derechos laborales pisoteados

Fecha de publicación: 01/10/2017

Autor: Xènia Domínguez Font. Responsable de la Campanya Roba Neta. SETEM Catalunya

Materia: Legislación

Número: 71

El sector del calzado es una parte clave de la industria de la moda que no ha parado de crecer. Sin embargo, a diferencia de la industria textil, prácticamente no se conocen las precarias condiciones laborales de las personas trabajadoras, fundamentalmente de las mujeres, la represión de movilizaciones sindicales y el silencio cómplice de políticos, países y compañías transnacionales. Tampoco las serias implicaciones medioambientales de los procesos productivos del cuero y del calzado. La gran mayoría de las empresas mundiales de moda continúan escondiendo sus prácticas comerciales a lo largo de toda la cadena de suministro de ropa y calzado rehuyendo su responsabilidad sobre dónde, cómo y en qué condiciones se fabrican sus productos.

 

Fotos: GMB Akash

Fotos: GMB Akash

Durante las últimas décadas la producción mundial de calzado ha aumentado considerablemente. En el año 2015 en el mundo se produjeron 23.000 millones de zapatos, cifra equivalente a tres pares de zapatos por persona. La mayoría –el 36%- se vendieron a Europa, seguida de China y los Estados Unidos –estado que tiene el índice de consumo de calzado más alto del mundo, con un promedio de 7 pares por persona y año-. El 87% de la producción mundial del calzado se realiza en Asia, donde China es la primera fabricante y concentra el 73% de la producción. Cifra que implica que tres de cada cuatro pares de zapatos vendidos al mercado internacional proceden de China.

La fabricación de calzado puede realizarse con mano de obra poco cualificada e intensiva. Por este motivo, muchas marcas europeas externalizan toda o parte de la producción a países con salarios bajos, donde las malas prácticas son generalizadas y las vulneraciones de derechos humanos son habituales. Los y las trabajadoras no reciben un salario mínimo y mucho menos un salario digno que les permita satisfacer las necesidades básicas de alimentación, salud, vivienda, transporte y educación para mantenerse a ellas mismas y sus familias. Se ven obligadas a hacer horas extra para compensar sus bajos ingresos, hecho que convierte las jornadas de 12, 14 o 16 horas al día en un hecho normalizado. En India, el segundo mayor productor de calzado después de China, se cobra entre 39 euros mensuales en Ambur a unos 87,5 euros en Agra, mientras que según los datos de la Alianza por el Salario Digno en Asia (AFWA), en 2015 un salario digno en India equivaldría a 251 euros al mes.

Fotos: GMB Akash

Fotos: GMB Akash

Esta situación no es exclusiva de los países asiáticos; el informe ‘Vidas en la cuerda floja. Las duras condiciones laborales de las personas que producen calzado en la Europa periférica’, publicado por la campaña “Cambia Tus Zapatos”, documenta que decenas de miles de trabajadores y trabajadoras en Europa oriental y los países balcánicos cobran salarios inferiores a los de Dongguan (China), e incluso es mayor la brecha con lo que se considera un salario digno.

El sector del calzado en Albania, Bosnia Herzegovina, Macedonia, Polonia, Rumania y Eslovaquia está fuertemente feminizado –entre un 70% y un 80% del personal son mujeres- cosa que presiona a la baja los salarios por la discriminación sistémica por razones de género. En India la discriminación de género y casta es evidente en la industria del calzado de cuero. Prácticamente todo el personal pertenece a las castas política, económica y socialmente más vulnerables y a otros grupos marginados.

 

Este fragmento forma parte de un artículo más extenso dedicado a los derechos laborales en el número 71 de la revista ‘The Ecologist’. Si te interesa, puedes conseguirlo bajo pedido en la siguiente dirección: redaccion@theecologist.net